No cabe duda de que el verano es la época del año en la que más partido le sacamos a la piscina, a no ser que vivas en una zona con buen clima siempre y puedas utilizarla prácticamente todo el año.

Al darle más uso, es lógico que coincida con que también es la época en la que más problemas pueden surgir con ella. En este artículo haremos un repaso a los problemas más frecuentes que pueden surgir en una piscina, cuál es su origen y cómo podemos solucionarlos.

Si hay problema, hay solución

  • Mal olor: suele deberse a un exceso de residuos orgánicos, y los eliminarás con un tratamiento de choque con oxígeno activo y cloro granulado. Utiliza siempre productos recomendados por especialistas y en las dosis adecuadas.
  • Incrustaciones: también sirve este consejo si es agua lechosa, y suele aparecer cuando el agua tiene alta dureza. Lo mejor es aplicar un reductor de dureza.
  • Manchas en las paredes: pueden deberse a hongos, algas marrones o presencia de metales, entre otros. Lo más recomendable es vaciar la piscina para poder limpiar todas las paredes. Después, llénala con agua limpia y cloro granulado para que se refuerce la protección. También es buena opción añadir un alguicida para prevenir la aparición de algas.
  • Irritación de ojos: si se irritan los ojos durante el baño, lo más probable es que el pH no sea el correcto. Ajústalo entre 7.2 y 7.8.
  • Agua verde: seguramente hayan aparecido algas, y puedes solucionar el problema con un alguicida.
  • Agua turbia: puede deberse a varios factores, como la presencia de residuos orgánicos, tener un pH elevado o que el sistema de filtración no sea de calidad. Aplica un clarificador con filtro y estará solucionado.
  • Coloraciones: aparecen si hay metales disueltos o la alcalinidad es muy baja. Ajusta el pH entre 7.2 y 7.6 y recoge los sedimentos que pueda haber y saca el agua colorada fuera. Pasa el filtro y comprueba la alcalinidad, que debe estar entre 72 y 250 mg.

El mejor remedio es la prevención 

  • Ajuste del pH: El primer paso para conseguir un agua limpia, clara y respetuosa con la piel consiste en regular el pH de la misma. El valor correcto debe situarse entre el 7,2 y el 7,6 para garantizar que el resto de medidas aplicadas funcionen de forma efectiva. Tabletas de cloro, electrólisis salina y oxigeno activo sirven para desinfectar el agua. Si el pH del agua es demasiado elevado, los bañistas podrían sufrir irritación en la piel y los ojos, el efecto de los productos desinfectantes disminuirá, se formarán incrustaciones calcáreas y las aguas se enturbiarán. Por el contrario, si el valor del pH es demasiado bajo aumentará el riesgo de corrosión, habrá un deterioro del vaso, y también se producirá irritación de ojos y piel.
  • Desinfección del agua: El agua de nuestra piscina puede convertirse en el medio de vida ideal para una gran variedad de microorganismos. Lo importante es mantener el residual de cloro libre entre 0.5-1.0 ppm en el agua para que esté desinfectada y tenga poder desinfectante. De esta manera, evitaremos que el agua se enturbie y que aparezcan algas. Para mantener un proceso continuado de desinfección durante toda la época de baño hay hay varios métodos: las tabletas de cloro, un aparato de electrólisis salina o con oxigeno activo. En caso de encontrarnos con algún problema de turbiedad o algas, es recomendable realizar un tratamiento de choque con dicloro granulado y añadir floculante líquido, con el fin de recuperar el buen estado del agua. Tras aplicar los productos, es importante realizar un filtrado durante pocas horas, posiblemente cepillar las paredes y el suelo de la piscina, y esperar 12-24 horas a que todas las impurezas precipiten, y mediante el limpiafondos llevar todo el precipitado directamente al desagüe sin que pase por el filtro. También es importante recordar que la adición de productos químicos debe realizarse siempre en ausencia de bañistas. Un algicida de forma regular evitará la aparición de las algas.
  • Prevención de algas: Si no queremos que las algas campen a sus anchas en nuestra piscina, es recomendable aplicar un algicida de forma regular. Las algas son un elemento de cultivo ideal para hongos y bacterias. Además, la radiación solar y el calor propios del verano favorecen su aparición. La adición del algicida debe estar acompañada con la presencia de desinfectante, como el cloro o el bromo, en el agua para conseguir un efecto sinérgico de ambos productos y aumentar la eficacia del algicida.
  • Agua cristalina: En una piscina pueden aparecer turbiedades. Las causas son por problemas de pH altos, filtración pobre, contra-lavados de filtros inefectivos y formación de algas, se manifiesta en muchos casos por la presencia de partículas diminutas suspendidas en el agua. La adición de un floculante hace las partículas más grandes, de manera que el filtro las pueda retener, y así clarifica el agua, eliminando también los iones metálicos oxidados que el filtro por sí solo no es capaz de retener.
  • Cuidado del filtro: Un buen cuidado del filtro de la piscina permitirá que el tratamiento químico que apliquemos sea más eficaz. Con un filtro sucio, la calidad del agua empeora y aumenta el consumo de productos químicos. Además, se multiplican los gérmenes que luego se extienden por el agua. Para mantener el filtro limpio tenemos que realizar contralavados y limpiar y desinfectar la arena una vez al año antes del inicio de la temporada de baño. También es importante desincrustar de cal el filtro (varias veces al año dependiendo de la dureza del agua). Por otro lado, es recomendable que cada 5 años (en función del uso y las características del agua) se cambie el medio filtrante si es de arena silícea.

Estos son algunos de los problemas que más aparecen en la piscina pero, como puedes leer, con una buena limpieza y un mantenimiento continuado es muy fácil acabar con ellos y seguir disfrutando de un baño agradable.

Fuente: piscinas.com, 20minutos

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